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Miércoles 17 de Octubre del 2018
LOS CLUBES DE CIENCIAS

En el sistema educativo en diversos paises se incentiva crear una estructura formal y organizada para el desarrollo de los denominados "clubes" que se formaban dentro de escuelas y colegios.

Incentivar el trabajo en conjunto de los estudiantes y sus docentes dentro de un club cuya base sea desarrollar intereses en común, fue el principal eje organizativo que marcó la necesidad de estructurar una metodología que promueva la investigación e integración. Partiendo de dicha necesidad, se crearon grupos de trabajo a nivel distrital, para generar lineamientos que permitan sacar provecho a las concepciones primarias sobre las que se organizaban los clubes.

En primer lugar se determinó que la actividad debe realizarse al interior de la institución educativa, dentro de la jornada escolar, y debe enmarcarse en campos de acción establecidos, en los que deberán desarrollarse proyectos con la guía de profesores, en calidad de facilitadores. Los proyectos que definen el área de cada club son los siguientes: Proyectos científicos, Proyectos artístico-culturales, Proyectos deportivos y Proyectos de interacción social y vida práctica.

La base pedagógica sobre la que se desenvuelven los clubes es el aprendizaje basado en proyectos, que permite a los alumnos poner en práctica sus conocimientos gracias a generar un interés colectivo que valore las experiencias individuales para el enriquecimiento de todo el grupo. El club no se concibe como una estructura rígida, sino como un espacio de aprendizaje interactivo que busca el desarrollo pleno de las habilidades de los estudiantes.

Fundamentado en dichos lineamientos comunes, un club de ciencia debe promover la creación de proyectos que incentiven la investigación, partiendo de la exploración de la cotidianeidad, para plantear en los estudiantes preguntas sobre cómo funciona la naturaleza y aquellos aparatos que por ser considerados comunes y corrientes, pasan desapercibidos, para de esta forma, despertar su curiosidad por aprender y experimentar; a través de actividades enmarcadas en las ciencias naturales, ciencias exactas, tecnología, reciclaje, ecología y protección de la naturaleza.

Las actividades del club de ciencia deben basarse siempre en los intereses de los alumnos, además, los facilitadores deben definir claramente las habilidades cognitivas que desarrollarán los estudiantes en sus actividades; incentivar la observación, generar reflexión y análisis de problemas, a través de una sólida base teórica y que los estudiantes reconozcan la utilidad de su formación, más allá de los criterios de obligación o calificaciones. Los alumnos en el desarrollo de proyectos científicos pueden compartir diversas experiencias, incluso se puede integrar a la familia en la construcción del conocimiento, cuando se tiene la ayuda de los padres a través de sus profesiones para que como invitados en alguna jornada del club, permitan comprender la importancia que tiene su formación en su pleno desarrollo académico, profesional y humano.

Una de las principales ventajas presentes en un club de ciencias es que permite a los estudiantes desarrollar la capacidad de aplicar conceptos que en muchas ocasiones se quedan solo en los libros de texto. Por ejemplo, al desarrollar una actividad grupal de crear un huerto escolar, los estudiantes podrán, desde el inicio de la idea, poner en práctica el método científico y no solo realizar actividades mecánicas como sembrar semillas sino que podrán detectar los diferentes procesos presentes, desde el momento en que preparan la tierra, hasta cuando nacen las primeras plantas.

Tomando el caso del huerto escolar; se tiene como ejemplo una actividad del club de ciencias para estudiantes que tengan entre 6 y 9 años. Primero se definen los objetivos, a través de la pregunta: ¿Para qué desarrollaremos este proyecto?, cuya respuesta apropiada podría ser: para aprender y difundir los beneficios de los huertos caseros. Se determina la importancia de la actividad, la cual debe provenir de las propias ideas de los estudiantes, en este caso, considerar que la comunidad puede mejorar su salud a través de cultivar sus propios alimentos; además, es importante destacar valores, por ejemplo, resaltar el respeto y cuidado del medio ambiente.

La actividad como tal debe ser definida de manera clara y que cada estudiante se sienta parte fundamental del proyecto; esto se consigue asignando responsabilidades a cada miembro y a través del asesoramiento de expertos. Cada acción debe basarse en los conocimientos previos de los estudiantes y fomentar la investigación, mediante la revisión de textos y búsqueda en internet. El resultado del proyecto debe consolidarse mediante una exposición que muestre los resultados a la comunidad; en este caso puede ser mediante la invitación a los padres de los estudiantes para que puedan observar el resultado final del huerto escolar y que sus propios hijos expliquen cada una de las etapas de trabajo, utilizando términos aprendidos en clase y en sus investigaciones.

Este ejemplo de trabajo dentro de un club de ciencia es solo una pequeña muestra del gran potencial presente en el desarrollo de los clubes, entendidos como espacios de integración y formación a través de los que se fomenta el desarrollo de la creatividad, el sentido de responsabilidad y trabajo en equipo; bases fundamentales para la formación de estudiantes comprometidos con la búsqueda de mejorar el entorno en el que vivimos

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